Clases de limpieza y normas para salas blancas 

Caso de estudio

Las salas blancas desempeñan un papel fundamental en numerosos sectores, especialmente en la fabricación de semiconductores, la microelectrónica, la industria óptica, la producción farmacéutica, los productos sanitarios y la biotecnología. La clasificación de estas salas blancas se realiza conforme a las normas DIN EN ISO 14644-1 y VDI 2083, parte 1, que definen nueve clases de limpieza. Estas clases van desde la ISO Clase 1, que representa el nivel más alto de pureza, hasta la ISO Clase 9, que presenta el nivel más bajo. La clasificación se basa en la concentración máxima permitida de partículas por metro cúbico de aire. Por ejemplo, una sala blanca de ISO Clase 1 no puede contener más de 10 partículas por metro cúbico de aire mayores de 0,1 micrómetros. 

En la industria farmacéutica, además, son de gran relevancia las Directrices de Buenas Prácticas de Fabricación de la UE (EU-GMP), especialmente su Anexo 1. Estas directrices establecen requisitos específicos sobre los límites de partículas y la carga microbiológica, y definen cuatro clases de limpieza: A, B, C y D. La Clase A ofrece la mayor pureza y se utiliza para procesos estériles, mientras que la Clase D presenta los requisitos menos estrictos y se emplea en zonas menos críticas. 

Otro aspecto importante en el diseño y funcionamiento de salas blancas es el control del flujo de aire. Los sistemas de flujo laminar, que garantizan un flujo de aire uniforme con turbulencias mínimas, son habituales en las clases de mayor pureza (a partir de ISO Clase 5) y son obligatorios en la Clase A según las directrices EU-GMP. Estos sistemas ayudan a mantener baja la concentración de partículas y a minimizar el riesgo de contaminación. 

Además del control de partículas, la supervisión de la carga microbiológica es esencial. Se requieren pruebas y validaciones periódicas para asegurar que las salas blancas cumplen con los estándares establecidos. Esto incluye la verificación de la calidad del aire, la limpieza de las superficies y la pureza de los materiales y equipos utilizados. 

El cumplimiento de estas normas y directrices es fundamental no solo para garantizar la calidad del producto, sino también para proteger la seguridad de los trabajadores y el medio ambiente. Gracias a controles rigurosos y revisiones periódicas, las empresas pueden asegurar que sus salas blancas cumplen los más altos estándares y que la integridad de sus productos está garantizada. 



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